La respuesta más directa a la pregunta del titular debería ser: porque actualmente se ruedan y se posproducen en digital un número cada vez máyor de las películas que vemos en los cines pero, además, porque en un futuro muy próximo todo el cine se producirá en soporte digital. Esa es una parte de las razones –la más importante- aunque hay algunas más.
¿Qué será del 35 mm?
Estamos en una etapa avanzada de la transición al digital. La supervivencia del formato de 35 mm se ha prolongado por razones económicas e industriales, pero en ningún caso por motivos de calidad. Sigue siendo el formato unificado “de proyección” para las salas de cine, pero hasta eso está en entredicho. En marzo pasado, las majors norteamericana (Universal; Fox; UAP; etc) lograron un primer acuerdo, pendiente de desarrollar, para establecer las nuevas normas con las que van a universalizar la proyección digital. Dicho de otra manera, que estamos en el mismísimo umbral que se produzca en el cine lo que ya ocurrió con la fotografía o en la industria discográfica. Las románticas latas metálicas y el run-run de los proyectores han comenzado a ser historia.

¿Cómo será el cine digital?
Pensemos la pregunta de otra manera. ¿Cambió la literatura cuando los escritores abandonaron las máquinas de escribir por el ordenador? ¿Hay mejores canciones desde que los músicos producen con tecnología digital y son editados en CD?. La experiencia nos invita a pensar que la obra artística y de creación es un fenómeno tan complejo y con raíces tan variadas que no cambia cuando se modifican las condiciones de su producción. La producción digital simplifica y abarata algunos procesos de la creación de una película. Esa es la razón de su éxito. Hay directores que han hecho magníficas películas de factura digital (Lars Von Triers; Steven Soderbergh o Julio Medem) y también hay películas digitales correctas, malas y muy malas. Es decir, ocurre lo mismo que cuando todo el cine se rodaba en 35 mm.
¿Rodaré mi corto en cine?
Cada año, en muchísimas ocasiones, nos toca deshacer el malentendido que encierra esa pregunta. Ocurre que muchos jóvenes siguen aún convencidos que rodar con soporte químico aporta “seriedad” y “profesionalidad” a su práctica académica. Hay una paradoja en este reclamo pues proviene de gente que, en otros terrenos (telefonía, informática, etc. ) optan, cuando pueden, por la tecnología más avanzada. Sin embargo, siguen imaginando su vinculación al cine a través de un formato antiguo y en pleno proceso de caducidad.
Nuestra propuesta
Hemos sido la primera escuela que apostó exclusivamente por el digital y seguimos creyendo que ha sido un acierto. Los alumnos ruedan sin la preocupación por la duración del material que impresionan, cuestión inimaginable en el soporte cinematográfico que tiene siempre la condena del “metraje” del material disponible. Esta facilidad permite ensayar el mecanismo “prueba-error-corrección” que es fundamental en todo proceso de aprendizaje. Permite, además, evitar el paso por el laboratorio que encarece, intermedia y, en definitiva, aleja la obra de la gestión del creador. Si, finalmente, la calidad del trabajo lo recomienda porque, por ejemplo, amplía la opción de participar en festivales, queda el recurso del kinescopado a 35 mm, proceso que tiene en la actualidad todas las garantías. A fin de cuentas, ese es el futuro en el que ya estamos.
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