     
CARLOS IRIART
No son los primeros ni son los únicos. Pero han llegado a una de las cumbres que cualquier joven cineasta español puede aspirar. Les hablamos de ese pelotón en el que se mezclan profes y titulados de nuestra escuela y que formaron parte del equipo de Eramos pocos, una de las dos producciones españolas que este año optan al Oscar al “Mejor Cortometraje”. Se trata de Luis Ochoa; Agustín Hernández; Héctor Rodríguez; Marcos Salso, Miguel Carretero y Jesús Ramé.Todos ellos estuvieron a las órdenes de Borja Cobeaga, director del corto nominado. Nos sumamos a su alegría y nos preparamos para la gala de entrega con velas encendidas y los dedos cruzados. Miguel Carretero y Marcos Salso han sido los responsable del sonido; Héctor Rodríguez integró el equipo de Fotografía y Jesús Ramé, Luis Ochoa y Agustín Hernández estuvieron a cargo del montaje. Ya hemos visto el corto y podemos confirmar que cada uno aportó lo mejor de su especialidad. La calidad ha estado subrayada por los incontables premios que recibió en festivales, antes de llegar a Hollywood. Eramos pocos cuenta la decisión de Joaquín, un hombre que tras el abandono de su mujer, decide sacar a su suegra de un asilo para que se ocupe de las tareas domésticas.
Esto es raro, raro, raro.
Eramos pocos sigue la ruta que abrieron Esposados (1997) y 7:35 de la mañana (2005), los primeros cortos españoles que llegaron a estar nominados en Hollywood. La sorpresa se ha multiplicado este año porque también ha sido nominado Binta y la gran idea, de Javier Fesser. No es normal o al menos no es fácil acostumbrarse a la idea que 2 cortometrajes españoles estén en la lista de “los 5 mejores del mundo”. La novedad puede llenarnos de alegría, pero también obliga a cargarse de preguntas:¿que está ocurriendo en el cortometraje español? ¿de verdad son tan buenos los cortometrajistas de este país? ¿existe el corto “a la española”? ¿a que se debe el éxito con el que se han consolidado en la escena internacional?. Si reparamos en los dos nominados de este año –Fesser y Cobeaga- nada parece unirles. Ni sus cortos ni sus biografías. Fesser está curtido en 2 largometrajes que fueron muy aplaudidos (El milagro de P Tinto y Mortadelo y Filemón), mientras que Cobeaga trabaja de guionista en un programa de humor de la televisión vasca. ¿Son excepciones, entonces? ¿estamos ante el éxito de creadores individuales?. Nos animamos a pensar que estamos ante un “fenómeno de atmósfera”. Podría decirse que en España ha comenzado a consolidarse un ambiente contagioso y favorable al cortometraje y que los cortometrajistas han sabido aprovecharlo.
Un marco favorable
En los últimos años, la geografía se ha poblado de festivales de cortometrajes. Los hay por cientos. En algunos domina el oportunismo político o publicitarios pero, aún así, cumplen su papel. Han creado un “público del cortometraje”, que no existía, y han puesto las pantallas para contrastar lo que hacen unos y otros. Sirven para reunir y vincular a los creadores y, en definitiva, ofrecen un estímulo que a veces sustituye a las ayudas o subvenciones. En el tema de las ayudas económicas cualquier reclamación siempre será poca. Aun así, hay que aceptar que en los últimos años la oferta se ha ampliado. En muchas falta transparencia y en otras falta dinero, pero hemos abandonado el tradicional desierto de la puerta cerrada. Al calor de estas ayudas y de los festivales, se produce más, se rueda mucho más y el mundo del cortometraje ha empezado a hacerse un poco más profesional. Hay algunas productoras estables, hay distribuidoras que empiezan a ser eficaces y hay espacios de televisión (pocos) que programan cortos.
Por último, creemos que también las escuelas de cine han tenido algo que ver. Acogen y forman a una generación que, por primera vez, llega con una fortísima trayectoria y sensibilidad audiovisual. Tienen los ojos trasegados por miles de horas de cine, televisión y consolas y sienten (con razón o sin ella) que disponen de una gran libertad creativa. Las escuelas de cine, además de transmitir ese “saber como se hace”, los ponen en contacto y ese, probablemente, sea su gran mérito. La creación artística y cultural necesita de los contagios, las influencias, los estímulos mutuos, y los desafíos compartidos. Y se multiplica cuando varios alumnos y profesores con talento se ponen a trabajar en un proyecto. Las escuelas son las canteras de la que han surgido los equipos que ponen en pié los cortos que ahora triunfan. Por esa razón –y volviendo al comienzo de este artículo- no debería sorprendernos que 6 de los profesionales de un corto que aspira a un Oscar hayan compartido las aulas de esta escuela. Ni que otros 4 titulados nuestros hayan integrado el equipo de A ciegas, ganador del Goya de este año al “Mejor Cortometraje”. Se lo contamos en otra parte de esta sección.
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