Desde que se inició la competencia de precios entre
las empresas de software y hardware para montaje,
se han abaratado los costes de los equipos. Los más
sencillos se han vuelto asequibles a quien desee
tenerlos en su ordenador. Frente este hecho los
estudiantes de Montaje se preguntan ¿Para qué voy
a estudiar esta profesión si ahora cualquiera puede
montar en su ordenador? Por otra parte, los
estudiantes de Dirección se plantean ¿Por qué
necesito un montador si ahora yo solo puedo editar
mi película?
Para dar una respuesta coherente con la naturaleza
artística y técnica de nuestra profesión, tendría que
hacer una mirada a aquellos años –no muy lejanos- en
los que, quien quería dedicarse al montaje, se pasaba
horas mirando y analizando películas de todos los géneros,
escuelas y países, buscando, al mismo tiempo, la
oportunidad de entrar como segundo ayudante de montaje
en una película que estaba siendo editada en una
Moviola. Tocar con las manos el celuloide y ponerlo
entre los labios para saber en que lado se encontraba la
emulsión, era sólo una acción más que evidenciaba la
relación física del montador con el cine. La película se
marcaba con lápiz de cera blanco y en esa línea podía, a
veces, estar el antes y el después de nuestros personajes;
el paso de la vida a la muerte, el momento fundamental
de una historia. Marcando el celuloide con una
línea, vinculábamos el trabajo intelectual de la dramaturgia
y la pesada y engorrosa maquinaria alrededor de
una Sala de Montaje, para que, a través del uso original
de las herramientas del lenguaje audiovisual, el autor
pueda finalmente crear sentido.
Matices a la euforia digital
Las nuevas tecnologías de montaje no-lineal han acabado,
por ejemplo, con el segundo ayudante que buscaba
un descarte perdido. Para eso está ahora el
match frame. No hace falta pensar y valorar concienzudamente
la necesidad de un corte porque, si te equivocas
o cambias de opinión, puedes darle al undo y vuelves
a la situación anterior. El uso de los sistemas de
edición no-lineal nos ha facilitado mucho el trabajo de
Montaje, pero lamentablemente, no existe ninguna
tecla que pueda resolver dilemas estéticos o de dramaturgia.
Ni problemas de producción que nacen en una
inadecuada planificación del proceso de Montaje. El
trabajo en Moviola nos daba tiempo para valorar todas
estas cuestiones porque los productores entendían
que el proceso era largo y engorroso. Las actuales formas
de entender la etapa de montaje nos obligan a
tener respuestas inmediatas y a cruzar en un solo
momento variables de toda índole antes de decidir un
corte, ya que todo debe ser rápido.
En síntesis, las tecnologías informáticas de edición nolineal
nos han facilitado y aligerado el acceso al proceso
físico de Montaje, pero los problemas de fondo
en la construcción de una historia con personajes
atractivos, ritmo adecuado y uso original del lenguaje
audiovisual, sigue siendo producto de largas horas de
visionado de películas, lecturas y crecimiento artístico.
El nuevo perfil profesional
Nuestros estudiantes se ejercitan continuamente en el
manejo de equipos para adquirir la pericia y experiencia
necesarias que les permita abordar todo tipo de proyectos
audiovisuales. Saben que sólo se es Montador si se
edita, así como sólo es Director el que dirige. La práctica
es importantísima, pero también lo es la formación que
permite decidir cuando hay que eliminar una escena
redundante o cómo se debe construir la atmósfera
sonora que enriquezca una obra audiovisual.
Es por eso que llamamos operador –y nó montador- al
profesional que maneja con pericia los comandos del
equipo de montaje. Para nosotros, el montador es
quien toma las decisiones artísticas y técnicas que
benefician la narración audiovisual. Un montador debe
tener conocimientos de dramaturgia, de composición,
de música, de estética. Debe tener un sentido privilegiado
del ritmo y ejercitarlo. Tiene que conocer las formas
de expresión de diferentes escuelas, directores y
maneras de entender el cine y saber cuando un estilo
es novedoso o es algo que ya se hizo con anterioridad.
Tendría que conocer las suficientes herramientas de
sonido que le permitan añadir creatividad a la banda
sonora y conocer las repercusiones que las decisiones
técnicas puedan generar en las necesidades de producción.
El montaje es la médula vertebral de lo artístico
y lo técnico; es la etapa en la que se desarrolla la
tercera escritura del guión.
Nuevas opciones laborales
En este contexto, consideramos que un montador con
dichas características, bien podría crear su propia
empresa de servicios, aprovechando el abaratamiento
de los costos de los equipos de edición no-lineal y
considerando que, con cualquiera de éstos, se puede
conseguir al final del proceso de montaje, un decoroso
off-line, o copia de trabajo. Por otra parte, las nuevas
emisiones de Televisión Digital Terrestre han propiciado
en todo el territorio español, la multiplicación de
señales que requieren de mayor cantidad de programación.
Se ha abierto un escenario de mayor competencia
entre empresas de producción audiovisual y en estas
nuevas candiciones se necesitan montadores con el
suficiente criterio como para tomar decisiones que
vayan más allá de la técnica. La demanda de este tipo
de profesionales será constante en el tiempo.
En síntesis, si la primera escritura de guión se realiza
sobre papel y la segunda escritura de guión en el
rodaje, la tercera escritura se realiza en la etapa de
montaje y eso sólo es posible con montadores con
pericia técnica y formación artística. Para estos últimos
siempre habrá espacio en el mercado laboral.
|