Me piden que explique, en este artículo, la actividad de un coach de actores , profesión con la que he tenido varias satisfacciones y con la que, en parte, me gano la vida. Se trata de una rareza, pues no somos tantos los que en España nos dedicamos a ello, y, en mi caso particular, debo confesar que no comencé a entrenar actores por vocación. Surgió por otro componente que resulta fundamental para cualquier proceso de entrenamiento: la confianza . Los primeros actores que me pidieron que supervisara u orientara su trabajo lo hicieron porque me conocían y creían que mi formación o mi experiencia podía serles útil. Sin embargo, muy rápidamente entendí que todo entrenamiento ( coaching ) debe ser “un pacto o contrato de confianza mutua”, si pretendemos que sea eficaz. No me refiero a ello como una cuestión moral sino que hablo de una relación con suficientes implicaciones profesionales y emocionales como para necesitemos ser respetuosos en este aspecto.
La relación con los actores
De alguna manera, la actividad fundamental de un coach de actores consiste en aplicar una técnica de observación del otro, de sus recursos y de sus emociones, y proponerle alternativas que le acerquen al verdadero sentido que una acción o un personaje necesitan. Dicho de otra manera, juguemos este juego sabiendo que aquel resultado que estamos buscando es posible. Sin embargo, conviene deshacer un posible malentendido. Cuando un actor opta por un coaching no implica que algo va mal. Generalmente sólo supone reconocer que hay cosas que no se saben o que hay caminos que no se han recorrido. El observador que todos somos, a veces no es suficientemente competente para mostrarnos lo que debemos hacer. Si bien el rol del coach es activo, a fin de cuentas quién conduce el proceso es el actor y, como todo proceso de entrenamiento, se funda en el principio de autonomía. Es el actor quién decide, quién opta, quién. en último término, resuelve.
El coaching no es un proceso terapéutico, sino un proceso de aprendizaje. Permite al actor trabajar a un rendimiento máximo por el que puede desarrollar toda su capacidad vital, es decir, lanzarse sin red porque sabe que su coach le conducirá a descubrir sus verdaderos valores. Hará que el interprete encuentre el camino, que lo saque del error, de la inactividad. Le guiará por donde puede “romper”, pero hará que él solo encuentre las llaves de la acción y que él solo las lleve a cabo. Ésa será siempre una decisión del actor.
Hay otro aspecto sin el cual no se entiende la formación de un artista y es aquel que encara el problema de la creatividad. Si el actor se limitara a aplicar las técnicas aprendidas se convertiría en un actor artesano, útil quizás, pero jamás en un artista. Para lograrlo es preciso cavar en la propia identidad del sujeto, en la singularidad de su tiempo, del material con el que se expresa. Ahí aparece el creador. Esta parte de la formación no se enseña, no puede enseñarse. El coach lo que hace es mostrarle los senderos, mejor dicho, darle las herramientas para buscarlos.
Coaching a medida .
A veces, la petición de entrenamiento nos llega del director de una película o de una serie, o bien de una productora. Suele ser habitual en producciones con repartos “corales”, también en el caso de interpretación de niños o adolescentes o para el de intérpretes-no actores. En estos casos, el coach se convierte en un “traductor” entre el director y los actores. Su tarea es eliminar lo puramente informativo y trabajar con aquello que es útil para la actuación, basándose en las técnicas de preparación del actor. La orientación del trabajo será siempre la que señale el director y el abanico de trabajo del coach podrá ser tan amplio como se necesite: desde las sesiones de trabajo individual o grupal con los intérpretes hasta la asistencia y apoyo al director en ensayos o en rodajes.
El futuro del coaching
Esto no ha hecho más que empezar. Puedo suponer que el trabajo de los “ coach de actores ” tiene un futuro prometedor, en la medida que la industria abandone algunos rasgos artesanales (que lo hará) y los directores acepten derivar parte de su trabajo para que mejore el resultado final (también lo harán). En este momento, son los actores y actrices quienes tienen más clara la necesidad del coaching . Tal vez porque son los que saben de las enormes dificultades que supone construir un personaje complejo o son los que deben lograr, sin tropiezos, un cambio de registro. No está mal que sea así. A fin de cuentas, son ellos -y sólo ellos- quienes convierten a alguien en coach y le autorizan para involucrarse en un vínculo en el que deberán exponerse y mostrarse como personas. Este punto nos devuelve a la advertencia que hacíamos al comienzo -la de la confianza- y conviene no olvidarla: es siempre el actor o la actriz quien habilita al coach y le otorga su sentido, sobre la base de la confianza .
MARTA ALVAREZ es Profesora de Interpretación de la escuela. En lo que va de año ha trabajado en varias producciones importantes. Preparó a María Ruiz (prota El camino de los ingleses , de Antonio Banderas) para su interpretación en Al Calor de las Brasas , de Santiago Lorenzo (peli en rodaje); a Celia Freijeiro para Días Azules , de Miguel Santesmases (estrenada este verano) y para la serie Amistades Peligrosas (en Cuatro); a Marta Larralde ( Mar adentro; El penalti más largo del mundo; etc ) para Días Azules y para la serie Hospital Central ; a Eva Pallarés para Azuloscurocasinegro , de Daniel Sánchez Arévalo y, finalmente, a Marcos Campos para su interpretación en Yo soy la Juani , del aplaudido Bigas Luna, que se estrenará en breve.
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